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Comentario de texto de Aristóteles

“Además, los sentimientos de cólera y de temor no dependen de nuestra elección y de nuestra voluntad, mientras que las virtudes son voliciones muy reflexivas, o por lo menos, no existen sin la acción de nuestra voluntad y siendo objeto de nuestra preferencia. Añadamos también, que respecto de las pasiones debe decirse que somos por ellas conmovidos, mientras que respecto de las virtudes y de los vicios no se dice que experimentamos emoción alguna; y sí sólo que tenemos una cierta disposición moral. Por estas mismas razones las virtudes no son tampoco simples facultades; porque no se dice de nosotros que seamos virtuosos o malos sólo porque tengamos la facultad de experimentar afecciones, así como no es este motivo suficiente para que se nos alabe o se nos censure. Además, la naturaleza es la que nos da la facultad, la posibilidad de ser buenos o viciosos; pero no es ella la causa de que nos hagamos lo uno o lo otro, como acabamos de ver. Concluyamos, pues, diciendo, que si las virtudes no son pasiones, ni facultades, no pueden ser sino hábitos o cualidades; y todo esto nos prueba claramente lo que es la virtud, generalmente hablando. Aristóteles. Etica a Nicómaco. Libro II. Capítulo V.

El texto nos dices que las virtudes y los vicios no son pasiones; tampoco son facultades; son hábitos.

Cuestiones: 1.Exponer las ideas y la estructura argumentativa del texto propuesto. La virtud no es algo instintivo o innato en los seres humanos tal como las pasiones, sino un hábito o cualidad que cada uno decide o no desarrollar. Ésta es la idea principal que nos presenta Aristóteles en su texto.

Primero comienza contraponiendo las pasiones, que no dependen de nuestra voluntad y siempre nos conmueven, con las virtudes, que sí son reflexivas y no nos hacen experimentar emoción alguna. Seguidamente compara de nuevo las virtudes, ésta vez con las facultades, afirmando que si bien la naturaleza nos da la posibilidad de ser buenos o viciosos no es la causa de que elijamos lo uno o lo otro.

Finalmente concluye con la idea principal: si las virtudes no son ni pasiones ni facultades, sólo pueden ser hábitos o cualidades.

2.Explicar el problema de la virtud en Aristóteles y desarrollar sistemáticamente las principales líneas de su pensamiento.

La ética aristotélica es material y eudemonista. Material porque busca un fin último y nos muestra como conseguirlo y edumonista porque su fin último es la felicidad, que se consigue a través de la práctica de las virtudes.

La felicidad según la entiende Aristóteles es la práctica de las capacidades intelectivas del alma, es decir, la sabiduría. Por tanto el también acepta el término de “intelectualismo moral”. La felicidad es además el mayor bien al que podemos aspirar, incluye el placer aunque no se reduce sólo a él, y es un bien autónomo, ya que se desea por sí mismo.

Las virtudes, por otro lado, no son innatas, sino un hábito que se adquiere. El practicarlas o no depende de cada uno, y su definición sería exacta sería el saber escoger el punto medio entre dos extremos viciosos. Dentro de las virtudes podemos destacar dos grupos: las éticas, relativas a los saberes necesarios y a las partes, por tanto, sensitivas del alma, son las mencionadas por Platón (excepto la prudencia) y la justicia, que puede ser conmutativa (aquella que se puede ejercer entre los hombres) o disyuntiva (se aplica entre el hombre y el estado. Las dianoéticas, por el contrario, desarrollan la parte intelectiva del alma, y son, entre otras el arte, la ciencia, la prudencia, la sabiduría…

Hablar de ética en Aristóteles es hablar también de la antropología. Él considera al hombre un animal social, que debe intervenir en política. Distingue tres formas buenas de gobierno: monarquía, aristocracia y democracia; y otras tres malas, que no son sino las anteriores corrompidas: tiranía, oligarquía y demagogia.

Pero no sólo se centra en el estado, sino también en él hombre en sí mismo. Como Platón, acepta que está formado de cuerpo y alma, pero esta vez la unión no es accidental sino sustancia, es decir, no podrían existir por separado. El alma es la fuerza vital, y la poseen lo seres animados que se mueven para conseguir el fin que les es propio. Hay de hecho tres tipos de alma: vegetativa, sensitiva e intelectiva.

La vegetativa es aquella propia de las plantas, cuyas capacidades son el movimiento (obviamente relativo en el mundo vegetal) y la nutrición.

La sensitiva, que contiene a su vez las capacidades vegetativa, posee la el aprendizaje, la memoria, la experiencia y la sensibilidad. Es propia de los animales.

La intelectiva, propia de los seres humanos, además de contener las capacidades de las dos anteriores, tiene la cualidad del conocimiento. El conocimiento en Aristóteles es el paso de la sustancia primera a la sustancia segunda por medio de la abstracción, y esto nos lleva a hablar de la física aristotélica.

La física de Aristóteles es la observación de los seres animados, y por tanto, del movimiento. Su objeto de estudio en concreto es la sustancia primera, es decir, aquello que podemos percibir a través de los sentidos. Sus características son: la teleología, el hilemorfismo y la predicación.

La teleología hace referencia al movimiento, el paso de la potencia al acto. Durante el movimiento se produce un cambio: algo se va, algo permanece, y algo nuevo aparece. Hay también dos tipos de cambio: el sustancial y el accidental.

El sustancial se da cuando “eso” pasa a ser “eso otro”, por ejemplo, cuando las uvas pasan a ser vino.

El accidental, sin embargo, no cambia la sustancia misma, pero sí sus cualidades. Puede ser cualitativo (referente a sus cualidades); cuantitativo (referente a la cantidad); y local (referente a su situación espacial). Por ejemplo, un bolígrafo puede ser verde o azul (cambio cualitativo), pero sin dejar de ser por ello un bolígrafo.

El hilemorfismo hace referencia a la composición de la sustancia primera: materia y forma, sin que ninguna de las dos pueda existir sin la otra. Esta unión da lugar a la materia segunda, que es la sustancia primera más los accidentes, que según Aristóteles son nueve (acción, pasión, estado… etc.)

Finalmente, la predicación se define como aquello que podemos pensar o decir de la sustancia primera. Se divide en categorías, entre las que se destaca el aspecto lógico (se habla o se piensa sobre las características del ser) y ontológico (el ser en sí mismo).

Sin embargo, teniendo presente la sustancia primera, es necesario llegar al concepto. Para ello se requieren una serie de pasos.

Primero la sensibilidad, que es lo que nos permite percibir la sustancia primera. Seguidamente el entendimiento, que se divide en agente (despoja a la sustancia primera de todos sus cambios accidentales) y paciente (seguidamente saca de ahí el concepto, por medio de la abstracción). La abstracción es la capacidad de conceptualizar, de llegar a la sustancia segunda, el concepto.

Referente al concepto también se hallan los tipos de juicio. Según su cantidad serán universales (el sujeto es “todos”) o particulares (el sujeto es “algunos”); según su cualidad afirmativos en el predicado o negativos. Combinando todas estas características obtenemos pues cuatro tipos de juicios diferentes. Aristóteles cultivo sobre todo el razonamiento deductivo, aquel que a través de la sustancia segunda saca los casos particulares. En concreto se dedicó una de las formas más sencillas de este tipo de razonamiento: el silogismo.

Ya por último, cabe destacar la concepción que tenía Aristóteles del universo, que si bien equivocada (como demostrarían entre otros Kepler y Copérnico mucho tiempo después) es bastante razonable, e inspiró a Ptolomeo, cuya teoría fue adoptada por la Iglesia Católica durante siglos. Resumiendo, Aristóteles llega a la conclusión de que el universo es geocentrista y el movimiento de los planetas, circular y uniforme. 3.Relacionar el pensamiento de Aristóteles con su marco histórico,sociocultural y filosófico.

Aristóteles, pese a ser uno de los discípulos de Platón, es totalmente opuesto a él. Para empezar, Aristóteles es ante todo un científico. No especula sobre la existencia de otros mundos, ni explica la realidad con leyendas y mitos. A él lo que le interesa es aquello que se puede percibir a través los sentidos, a lo que llamará sustancia primera (las cosas particulares) pues son ellas las que, a través de la abstracción, al concepto (lo que llama sustancia segunda). Y conviene citar una frase suya, que define su modo de pensar: “Nada hay en el entendimiento que no haya pasado antes por los sentidos”. Rechazando así las idea de la reminiscencia del alma que, entre otras, tenía Platón. Lo que sí conserva de él es, por ejemplo, el intelectualismo moral. La felicidad sigue estando siempre en el conocimiento.

Además Aristóteles vive una época de esplendor en Grecia, que si bien no es la Atenas democrática de Pericles, ahora se ha transformado en el majestuoso imperio de Alejandro Magno, del que Aristóteles fue tutor cuando éste era un niño. La cultura griega cobra importancia, se globaliza por así decirlo. Las ciudades más importantes son Pérgamo y Alejandría, mientras que Atenas ha alcanzado ya su ocaso. Los saberes se hacen abstractos, nos habla de las reglas del pensamiento lógico y con los silogismos utiliza el pensamiento discursivo, sacando un concepto los casos particulares.

Aparecen en este tiempo de desengaños también (ya que la democracia en las polis ha resultado ser más bien un fracaso, y como antes toda la vida del ciudadano girara en torno a la política de la que eran partícipes, se sienten desorientados) nuevas líneas de pensamiento: el helenismo. Este movimiento lo constituyen éticas materiales paradigmáticas, que proponen un ideal de comportamiento: el sabio. Son el epicureismo, el estoicismo y el escepticismo.

El epicureismo, creada por Epicuro, busca el máximo placer y la ausencia del dolor. Se aleja de la política y predica el perdón.

El estoicismo, que tendría un verdadero éxito durante el imperio romano, busca ante todo la justicia, y recibía ese nombre porque sus practicantes se reunían en la stoa, plaza porticada griega.

El escepticismo, que ya existía antes de Aristóteles pero cobra importancia en ésta época, lo habían formado los seguidores de los sofistas, y seguían manteniendo sus mismas líneas de pensamiento.

Aristóteles, pese al alcance extraordinario de sus conocimientos, sería olvidado durante muchos siglos. Aún pasaría tiempo antes de que el cristiano Tomás de Aquino lo redescubriera e incorporara algunas de sus ideas a la doctrina cristiana.

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