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Orfismo

El orfismo es un pensamiento religioso que apareció en la Grecia antigua.

La esencia de su creencia es la inmortalidad del alma, considerada mucho más importante que el cuerpo (una simple carcasa). También creen en la reencarnación, ya que el alma va depurándose en sucesivas vidas, hasta alcanzar la pureza, y entonces pasar al ámbito divino.

Las influencias de filosofías indias, como el budismo, ya existente por aquel entonces, parecen claras. Aunque la reencarnación también ha sido una creencia adoptada por numerosos pueblos bárbaros ya desde tiempos inmemorables.

Los seguidores de ésta religión se consideran a sí mismos hombres errantes, casi marginados, ya que muchos preceptos del orfismo les apartaban no sólo de la religión oficial griega, sino de costumbres muy extendidas. Por ejemplo, ellos no comían carne, no derramaban la sangre de otros hombres o animales, y vestían únicamente prendas de lino. Esto tiene su razón en que, al creer en la reencarnación, daban por supuesto que el alma de personas que habían conocido, o antepasados, podía estar encerrada en cualquier persona o animal, y por ello los respetaban a todos, como siguen haciendo los creyentes del budismo hoy en día.

Por otro lado, esta religión se basa íntegramente en textos ya existentes a los que ellos habían otorgado una importancia especial. Cabe pues destacar dos mitos:

El mito de Dioniso: Una versión arcaica y poco conocida en nuestros días. Cuenta como Zeus y Perséfone, esposa del dios del Averno, engendran al niño Dioniso. Hera, furiosa una vez más por las infidelidades de su marido, manda a un grupo de titanes para que acaben con el pequeño. Zeus y Perséfone, al enterarse, corren en ayuda de su hijo, pero llegan tarde. Los titanes ya han despedazado su cuerpo, dejando sólo su corazón. Zeus, loco de rabia, los fulmina con un rayo. Mientras, Perséfone recoge con sumo cuidado el corazón de su hijito. Zeus lo guarda en su interior y así el niño puede volver a nacer.

El mito de Orfeo: Mucho más conocido. Los orfistas además, toman de ahí su nombre. Ellos se fijan sobre todo en que Orfeo es uno de los pocos vivos, junto con Odiseo o Hércules, que ha podido entrar y salir del mundo de los muertos. En el caso de Orfeo, pretendía sacar de allí a su difunta esposa. Como tenía una capacidad especial para tocar la lira (instrumento supuestamente de su invención) conmovió con su música al dios del Hades, el cual le otorgó ese privilegio.

La conexión entre estos dos mitos es clara: a los orfistas les interesaba mucho la idea del renacimiento y conocer el mundo de los muertos. De hecho, su doctrina se basaba en seguir un proceso de purificación del alma y prepararse para el momento de la muerte. Una vez llegaba la hora de morir, ellos afirmaban conocer una contraseña especial que les permitiría beber de la fuente de la Memoria en vez de la del Olvido, y así no tener que reencarnarse otra vez y poder alcanzar la divinidad.

Afirmaban también que en el hombre convivían dos naturalezas: la titánica y la dionisiaca. La titánica se refiere a los instintos, fuerzas viscerales que se deben controlar, o si no nos llevarán a la auto-destrucción. Por otra parte, la naturaleza dionisiaca es la capacidad inmortal del alma, que no perece ante nada y renace una y otra vez hasta alcanzar la pureza total.

REFLEXIÓN:

El orfismo me parece una religión bella, pues tiene como meta la superación personal, que culmina en enfrentarse a la muerte sin miedo alguno. Hay otras religiones, como el cristianismo, que predican el amor a otros, la generosidad, el desprendimiento… aparentemente es más elevado pensar colectivamente que individualmente. Pero no nos dejemos engañar. Para saber amar a otros, hay que amarse primero a uno mismo, para ofrecer cualquier cosa en realidad, debe pasar antes por nuestro ser. Si cultivamos nuestra persona, si nos esforzamos por ser mejores día a día, estamos haciendo que el mundo avance, poco a poco. Pues cada acción nuestra, (aunque nos resulte increíble), tiene impacto en todo el universo… Sí. El vuelo de una mariposa  produce un tornado en el otro lado del mundo.

Por eso, todo aquello que nos enseñe a depurarnos, me parece digno de interés. El orfismo, además, prescinde de la existencia de los dioses, (al fin y al cabo simples excusas). Todo el universo está también dentro de nosotros: el bien y el mal, las tendencias titánicas y las dionisiacas. Por un lado nos encontramos sujetos a instintos fuertes, irracionales y casi siempre perjudiciales, energías tan fuertes que nos destruyen poco a poco si las dejamos estar y no hacemos nada al respecto. Cuidamos del cuerpo, al ser visible a nuestros sentidos, pero olvidamos el alma. Y es un contrasentido, pues está comprobado que la carne envejece y se corrompe con el paso de los años, pero… ¿y el alma? Sea como sea nadie sabe qué sucede realmente con ella. Así que, ¿por qué negar la idea de inmortalidad? En cualquier caso, debemos cultivarla, hacerla más sabia, limpiarla. Aquellos que desconocen u olvidan su mejor parte, no pueden ser considerados personas. Bajo el yugo de sus pasiones más primarias, son inferiores a los animales, ya que poseen una capacidad destructiva de la que éstos carecen.

Centrémonos más en el alma. Es antigua como el universo, es esa parte sabia y eterna de cada uno, la luz que debemos seguir para no desviarnos del camino y así, cuando llegue el final, podamos afirmar que hemos vivido una vida, no una inexistencia.

Las cosas más importantes, las que recordaremos en el momento de nuestra muerte, no son las que nos muestran los sentidos, sino aquellas que sólo pueden percibirse a través del alma.

Una respuesta to “Orfismo”

  1. Hola!!
    Bueno primero decir que yo no conocía este pensamiento religioso (es que no se si llamarlo religión sería adecuado…el concepto que tengo de las religiones no es muy bueno…) pero me ha impresionado. No sabía que en la Antigüedad ya se hubiese prescindido de los dioses, siendo como eran y aun son, una excusa para justificar nuestras acciones.
    Pienso que tratar de enfrentar nuestros errores sin escudarnos en alguna voluntad divina e intentar alcanzar la pureza del alma es algo que todos deberíamos poner en práctica. Si, suena muy bonito eso de que hay que ayudar al prójimo y que debamos ser buenos y bondadosos. Pero si realmente hacemos algo por nosotros mismos es cuando podremos hacer algo por los demás. Si no, todo (o casi todo, dudo que haya algo absoluto por ahí) cae en saco roto. Pero claro, es más fácil escudarse en algo ajeno.


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