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Características del Ser

El Ser es, el No Ser no es. Estas ocho palabras resumen la ideología del filósofo Parménides. Aparentemente demasiado simples, rozando la obviedad. Y sin embargo pretenden explicar la Realidad al completo.

El sabio de Grecia amplía su razonamiento: El Ser es lo pensable, y por tanto posible. El No Ser no es pensable y tampoco posible. Y esta confrontación de contrarios es la respuesta a todas las preguntas.

Hay dos maneras de vivir la vida, nos explica Parménides. Por un lado a través de la opinión, es decir, analizando la información que nos transmiten los sentidos. Los cuales, por otro lado, a menudo nos engañan, cómo ya está comprobado. Pues no es la misma Realidad la que percibe una persona ciega que una que ve. Una persona enferma que otra que goza de salud. Y la Realidad no puede variar según el sujeto, ha de ser común a todos los seres de la tierra. Por tanto, pretender percibirla a través de nuestro cuerpo físico es puramente erróneo.

Por el otro lado tenemos el camino de la Verdad, una única y complicada senda. Ha esta se llega a través del pensar, que no es físico, si no intelectual y ajeno a los sentidos, jamás necesita recurrir a ellos. Y el pensar, según Parménides, es el Ser mismo.

El Ser no tiene una definición clara, pero si unas características determinantes. El Ser es eterno, inmutable e inmóvil, único e indivisible.

Eterno porque siempre ha estado ahí, no ha nacido ni morirá. Pues de haber surgido de algo, tendría que ser del No Ser, y éste es imposible. Y morir implicaría regresar a ese origen, que como ya hemos dicho es impensable.

Inmutable e inmóvil, porque el movimiento significa cambio, y cambio supondría pasar del Ser al No Ser, y el último es inexistente.

Único porque de de haber algo más tendría que ser No Ser, que no es posible.

Indivisible porque si se dividiera en dos partes, estas ya no serían Ser, sino No Ser, y esto, según el dogma de Parménides es inpensable.

Llegados a éste punto cabe hacer una pausa para reflexionar sobre lo que estos, aparentemente abstractos razonamientos, implican.

La Realidad se limita única y exclusivamente a lo pensable, es decir, a todo aquello que podemos filtrar previamente con nuestra razón. Todo lo que escape de ese análisis no es posible y queda relegado a la inexistencia.

Por otro lado, el movimiento no existe. Sí, al caminar nos movemos, y el viento mueve también las hojas de los árboles… pero esto no es más que una percepción falsa que nos transmiten los sentidos de nuestro cuerpo. Todo (el Ser) es estático e inmutable.

A través de estas afirmaciones tan atrevidas, que descolocan lo que tenemos por Realidad, Parménides, de la escuela de Elea, pretende mostrarnos la Verdad.

REFLEXIÓN:

Hay un punto de la ideología de Parménides que me parece brillante y revelador: El Ser es lo pensable y posible, el No Ser es lo no-pensable e imposible. La Realidad no es algo independiente, sino que está supeditada a nuestro pensamiento, nuestra razón. Por tanto, es como decir que la realidad es un libro en blanco, y nuestros pensamientos la mano que con una pluma escribe sobre ellos. Sí, la Realidad es común a todos, pero es una Realidad vacía e insulsa, sin contenido. Son nuestros pensamientos individuales los que la dotan de colores, formas y matices. La Realidad es diferente según el individuo, esto me parece un hecho. Por ejemplo: nosotros vemos un avión, una máquina inmensa capaz de transportarnos a través del aire a cualquier punto de la tierra. Pero los indígenas de una isla perdida en el Pacífico, lugar dónde los estadounidenses acaban de instalar un aeropuerto militar, no ven sino a un dios que desciende cada cierto tiempo de los cielos entre viento rugiente. ¿Y va a ser más real nuestra definición por creernos más sabios, más razonables que ellos? No tiene por qué. Quizá, algo en lo que nosotros creamos profundamente, tampoco resulte estar acorde con nuestros pensamientos actuales.

Pensad. Decimos: esto es real, esto no lo es. Y ninguna de esas dos cosas las hemos visto, ni a través de nuestros sentidos, ni a través de esa maravillosa luz de la razón en la que confían tantos filósofos. Por ejemplo: yo creo en África, ese continente inmenso formado por desiertos ardientes y selvas tropicales. Pero jamás lo he visto ni he estado allí. Sin embargo no creo en los fantasmas, ya que no me he cruzado con ninguno en estos dieciséis años de vida.

¿Por qué África sí y los fantasmas no? Por que la gente que me rodea, los libros que leo, los dogmas en los que se supone he de creer, afirman una cosa y niegan la otra. Sí, la Realidad es individual, pero a la vez muy parecida para un grupo de individuos. Me explico: jamás hemos sido seres independientes. Ya desde que nacemos, necesitamos de otros para sobrevivir, y así será, nos guste o no, hasta nuestra muerte. Estamos todos, por así decirlo, subidos al mismo barco. Mi Realidad no es la mía, al menos en un principio, sino la de mis padres, la de mis profesores, amigos y enemigos, la de mis contemporáneos más cercanos, en definitiva. Y esto es lo que nos hace percibir las cosas de forma errónea o limitada, no sólo los sentidos físicos. Quiero decir, que limitarnos a creer en ideas que están ahí antes de nuestro nacimiento, pensamientos ya masticados, por así decirlo, sólo contribuye a confundirnos aún más. La Verdad no es eso, tampoco es lo que percibo con mi cuerpo, ni con mi razón contaminada. La Verdad no está fuera, pues no es común a todos. La Verdad es íntima y de cada uno. El reto de nuestra vida consiste en encontrarla. Y cuando ese momento llegue, significará también la muerte, pues supongo que la vida dejará de tener sentido en cuanto se lo encontremos. La meta también significa el final de un camino.

Es real lo que pensamos, no real lo que no. Pero entregarnos a complicados razonamientos puramente lógicos, confiar única y exclusivamente en la razón olvidando los sentimientos y los instintos, como dice Parménides… me parece una utopía inútil. ¿Por qué hemos dar una sola cosa por válida (la razón) y olvidar el resto? ¿No estará el arjé, la verdad, en la sabiduría del equilibrio de todos nuestros opuestos? Aunque sé que suena presuntuoso por mi parte, me atrevo a afirmar que el pensamiento de Parménides, puramente lógico, que negaba el movimiento y el cambio, es erróneo si se toma cómo único a camino a seguir. Si el Ser es lo pensable y lo posible, abramos nuestra mente, hagámosla infinitamente amplia, para que no se cierre a nada, y nos muestre todos los matices y brillos de la Realidad. Y aún a riesgo de perdernos entre ese intrincado laberinto de espejos, aprenderemos a fiarnos de la parte más pura de nosotros mismos, el alma inmortal de la que ya hablaban los orfistas. Ésa y no otra será la luz que nos guié, sin apagarse jamás, hacia ese otro mundo del que hemos venido y al que realmente pertenecemos.

http://www.luventicus.org/articulos/02A034/parmenides.html

http://es.wikipedia.org/wiki/Parm%C3%A9nides_de_Elea

http://www.webdianoia.com/presocrat/parmenides.htm

2 comentarios to “Características del Ser”

  1. Ummm…nunca me había parado a pensar en lo que es real y lo que no lo es. Supongo que tienes razon: la realidad no es solo nuestra, tambien lo es de las personas que nos rodean y si esas personas no aceptan algo como real…es dificil que nosotros si lo hagamos.

    Yo siempre he creido en cosas que pudiese comprobar, que pudiese demostrar…cosas “reales”. Pero ahora, cada vez mas, me doy cuenta de que no todo se puede probar y que vivr sin confiar en algo…no es algo muy bueno. Creo sinceramente que tienes razon cuando dices que Parménides se equivoca. No podemos racionalizarlo todo, aunque tampoco podemos ir por ahí, creyendo alegremente todo lo que nos cuentan. Deberíamos poder alcanzar un punto medio, pero en esto, como en todo, es casi imposible.

    Me ha encantado este artículo, hace que te pares a pensar y eso siempre es bueno. Gracias!!!

  2. Siempre me he preguntado para qué sirve la Filosofía.Tantos pensamientos y doctrinas de grandes maestros no han mejorado el mundo. No puedo decir, pues, que me ayude en la vida. Sin embargo, cuando leo tus textos, haces que la Filosofía sea cotidiana, porque la llevas al plano de tu experiencia vital. Y es ahí cuando empiezo a interesarme por Parménides… e incluso empiezo a entenderlo…
    Gracias por hacerme más cercana a Doña Filosofía


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